sábado, 25 de agosto de 2012

Cuento: El Patio de mi casa no es particular.

John  y Cathy disfrutan viendo las caras de sus amigos y vecinos de Frankfurt cuando les dicen que en su casa de Symi cocinan, ven la tele, juegan a cartas e incluso  echan la siesta con las ventanas y la puerta completamente abiertas .
Sonríen disimuladamente cuando una cara, que pretende ser discreta  para no ser vista sin dudar que apoyarse en el alfeizar de la ventana es todo menos invisible, les aparece en cualquier momento del día mirando hacia el interior; suelen ser turistas de día de Rodas o de Tilos.
Y es que lo entienden sobremanera; ellos también lo hicieron y lo continúan haciendo  si no tuvieran la casa allí. ¡ y qué casa! Les  dicen las visitas europeas cuando llegan.

En Symi las casas son de dos pisos, cuatro ventanas (dos por planta), de colores suaves pero no blancas con en otras islas; allí el blanco lo dejan para los ribetes de las cornisas, cenefas, frisos y marcos de las puertas. En esa isla a las casas se las llama “las casas de los capitanes” ya muchos de ellos se mandaron construir allí sus viviendas con los beneficios de sus viajes; no en vano aquí se vivió de una larga tradición de constructores  de barcos y de exportadores de esponjas marinas.
Ya no hay capitanes de aquellos, supongo que los debe haber de otro tipo, pero quedan la casas y esa manera de construirlas y decorarlas.

La  suya mantiene la fachada de la mayoría de ellas; amarilla, con los ribetes  y filos en blanco, sus dos  pisos y las ventanas grandes y  puerta principal de doble hoja tras subir dos escalones desde la calzada. El interior es totalmente diáfano (salvo el baño claro está) de manera que una escalera  del centro de la vivienda permite el acceso a la planta superior y sólo unos biombos  insinúan la intimidad del dormitorio. En la planta inferior la cocina a la vista de todos y la gran mesa rectangular donde reciben a las visitas, que no son muchas y no piensan hacer nada para que eso cambie.
Todo es tan libre y espacioso que los gatos forman parte de su vida entrando desde la calzada y saliendo por la ventana lateral de  la planta inferior. A veces, de noche, alguno de ellos ataja por la vivienda y dos ojos brillantes miran en la oscuridad a la pareja mientras duerme tras el biombo.
Y más allá de las ventanas la calzada que bordea el puerto de Gilos, el muelle, la bahía y el mar.
-          ¿ Y por qué Symi? Les preguntan y ellos ríen al unísono.
-          Symi nos escogió, contesta John
De camino a Tilos John tuvo un accidente en el ferry, al salir a la terraza de cubierta, y se mareó  ya que se había fracturado un dedo del pié. Cathy optó por bajarlo en la primera parada y esa era Symi.  Conocieron a Katerinass que estaban en el muelle esperando a alguien para alquilar una habitación y, claro esta, pasaron un semana en su casa.
Cuando dos años más tarde la empresa de John cerró decidieron ir a la isla a pasar un tiempo y Katerinass les ofreció su casa en venta; ella partía a vivir a la capital. 
Y ya está, así fue la elección de isla o mejor dicho a iniciativa de la propia isla.
Hoy tienen tomates rellenos al horno, dolmatia y pulpo a la brasa; vienen unos amigos a cenar. Mientras los hacen se abstraen de las cabezas que se giran desde la calle. Únicamente están atentos a la vista del fondo de su ilimitado patio delantero;  la media luna en creciente que enmarca la bahía y el mar.

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